¡Nos lo llevaron! ¿Pero acaso no somos el «pueblo de Dios»?

Reclamamos el derecho a ejercer el protagonismo perdido en el largo camino recorrido por la Iglesia Católica (2017 años), los feligreses de a pie que somos el verdadero “pueblo de Dios” (Pablo VI, dixit), -y que como tal ejercían en los primeros años del Cristianismo-, para evitar que se tomen decisiones desde lejanas instancias que nos afectan de forma importante, sobre las que estimamos tener derecho a opinar. Es tan fundamental “el pueblo de Dios”, que es alguna ocasión supera en protagonismo a la iglesia (lugar de culto) y sacerdote (celebrante), pues si no hay feligreses no hay misa.

Todo este preámbulo viene a cuento por los rumores que me están llegando sobre el traslado -parece ser que confirmado- de D. Recaredo B. Engonga, hasta hace unos días, párroco de Anayo, Coya, Pintueles, Valle, Espinareu, El Tozu y Artedosa, sin encomendarse a Dios ni al Diablo, como si los feligreses fuéramos convidados de piedra, solamente titulares de obligaciones sin opción a derecho alguno, a no ser el de poner la X en la casilla de la Declaración de la Renta “0,70 % para la Iglesia Católica”.

Además de la falta de respeto a los propios párrocos afectados, que se les niega el elemental derecho a disfrutar de la obra bien hecha en su labor pastoral en la parroquia y la falta de incentivos que la poca estabilidad en el cargo genera -parecido a lo que sucede en el mundo laboral con el empleo precario- y el ninguneo a los feligreses de a pie, al disponer desde una mesa de despacho del Arzobispado del destino del propio Párroco, tan arbitraria medida contraviene las palabras de Cristo, cuando dice: “El Pastor conocerá a sus “ovejas” y las “ovejas” a su Pastor”. Pero mal podrán conocerse al ritmo del constante trasiego de Párrocos, que tal parecen figuras de ajedrez movidas por una mano extraña sobre el tablero. El resultado mayoritariamente positivo de la relación párroco-feligreses, es patrimonio moral exclusivo de ambos, sin que alguien que no ha tenido arte ni parte en tal feliz pastoral, tenga derecho a manipularlo a sus anchas.

Como emotiva anécdota me viene a la memoria la homilía de nuestro párroco D. Manuel García Velasco, durante la celebración en el Santuario de la Virgen de La Cueva, de sus 25 años de vida sacerdotal, que entre otros recuerdos de su largo recorrido por media Asturias, nos cuenta: “Estando de Párroco en Tielve y Sotres -unos de los pueblos más altos de Cabrales- me llamó la atención que los pastores que eran mayoría entre sus habitantes, conocían incluso por sus nombres, a todas las cabras -que no eran pocas- de sus respectivos rebaños. Lo que me incitó a adoptar el propósito de aprender yo también el nombre de todos mis feligreses” Sin duda una bonita forma de cumplir con el mandato divino de que “el Pastor conocerá a sus ovejas…”.

Y por favor no mal interpretemos el sentido metafórico o figurado que Jesús da a la palabra oveja en sus parábolas, utilizándola con su etimología real.

Y desde aquí animo a los feligreses de D. Recaredo, que sigan recogiendo apoyos para presentarlos en el Arzobispado, con el fin de paralizar el traslado y reponerlo en su responsabilidades pastorales en Piloña, en premio a que este sacerdote, que en tan poco espacio de tiempo, ha sabido ganarse el respeto, cariño y aprecio de sus feligreses. ¡Cuenten conmigo!

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