El buen trato recibido de los suizos hace que Justo les tenga un gran aprecio y mantenga de ello un cariñoso recuerdo. Pero debido a la dureza del trabajo y a lo larga de la jornada laboral, después de año y medio en la finca; decide darse de baja; pero como no había completado todo los años del contrato, tiene que salir de Suiza y lo hace en compañía de un compañero de Pruneda-Nava (Joaquín Foncueva Zapatero) que por tener un amigo en París, se dirigen al domicilio de éste; que los recibe afectuosamente pero advirtiéndoles que no pueden quedarse en su casa, ya que solo dispone de una habitación para él y su esposa, por lo que tendrían que ir de hotel, lo que no fue problema ya que disponían de 800 francos, cada uno. Una vez instalados en la “ciudad de la luz”, se pusieron raudos y veloces a buscar trabajo y después de conocer varias ofertas, Justo eligió una lavandería industrial en la que consiguió un buen trabajo y un buen sueldo. Y cuando estaba en el mejor de los mundos que había vivido, le llega un aviso de un amigo de Suiza; que le había encontrado un buen empleo en una fábrica de productos derivados del petróleo. Aunque le costó trabajo decidirse, hace de nuevo las maletas y retorna a Suiza. El nuevo trabajo ha sido el escenario del traumático accidente laboral que le arrancó una mano y es precisamente en la convalecencia, cuando le dan a elegir entre varias actividades como terapia ocupacional, cuando elige la talla en madera. Una vez que se recupera del accidente, la empresa lo sitúa en un puesto de mucha responsabilidad como es el del Control de Calidad, para el que permanecía físicamente útil, pero que le obligó a sacar el Certificado de Estudios Primarios y estudiar alemán. Y cuando se jubila y viene a vivir en Cereceda –el pueblo de su mujer María Teresa Diez Fernández -, en una confortable casa con amplio local en el bajo para desarrollar su hobby, con bosques próximos en las estribaciones del Sueve, que le permiten recoger troncos y raíces, para plasmar su arte y con la privilegiada situación de un entorno soleado y tranquilo, resulta el escenario ideal para que le llegue a Justo la inspiración y la talle en la raíz o en la simple tabla. Este artesano no solamente imprime a la materia su personal estilo, sino que su ojo de artista localiza los troncos y raíces, que ya son de por sí, verdaderas obras de arte de la naturaleza. La amplia gama de sus obras, desde sillas desmontables y otros muebles, arcones, escudos, figuras de la mitología asturiana (xianas, trasgos, cuélebres, etcétera) hasta rostros, le permiten estar presente en los más importantes Certámenes de Artesanía de Asturias, sin olvidar el Festival de la Avellana de Infiesto; -del que Justo ya es todo un clásico -, habiendo conseguido 20 Primeros Premios y 3 Diplomas, con el mérito añadido de que todo ese ingente y artístico trabajo, lo realiza con una sola mano.
¡Gracias Justo, por dejar tan alto el pabellón de Piloña, en cuantos Certámenes de Artesanía estás presente!