Jorge Rodríguez-Noriega Beláustegui: Médico y Amigo

Hay tres actividades en la vida, tan fundamentales para el ser humano, tanto para el que las da como para el que las recibe, -como son el sacerdocio, la medicina y la docencia-, que merecerían el esfuerzo de los científicos, para inventar un detector de vocaciones. De esta forma evitaríamos que ejerzan las respectivas funciones, personas que “pasaban por allí”, y que por circunstancias de muy variado pelaje, iniciaron y terminaron una carrera, que no era la que encajaba en su verdadera vocación, y en estos casos, que ¡ Dios nos coja confesados ¡. Estoy seguro que mi amigo, coterráneo y coetáneo, Jorge Rodríguez-Noriega Belaústegui, hubiera pasado la hipotética prueba del detector de vocaciones con una nota muy alta, como lo dejo bien demostrado a lo largo de su ejemplar trayectoria profesional.
Pero no se trata únicamente de un mérito personal, sino de algo compartido con su padre y su esposa. La herencia genética que le trasmitió D. Carlos, le aportó muchas de sus virtudes profesionales y humanas. Recordemos que el tiempo en que ejercía la medicina el padre de Jorge, era una época en la que la Seguridad Social solamente cubría la sanidad de los trabajadores por cuenta ajena, y que por lo tanto, atendía como medico particular a muchísimas personas -no existía la dedicación exclusiva en la Sanidad Pública-, para las que siempre tenía tiempo de curar, pero casi nunca un momento para hacer la cuenta de las visitas atrasadas. Y en lo que respecta a Enma, ya saben eso de que “detrás de un gran hombre, hay siempre una gran mujer”, que supo ser una esposa cariñosa y una madre ejemplar, y que aportó todo su saber y entender a la felicidad del matrimonio, que es el respaldo y el pilar básico para que todo hombre triunfe en su profesión. Con estos antecedentes y ambientes familiares, ¿que se podía esperar?.
En lo humano, es de destacar que encontrándose en Barcelona en uno de los mejores hospitales de España, tratando de elevarse profesionalmente a las mas altas cota de la ciencia médica, la enfermedad de su madre le impulsó a dejar una oportunidad única en su carrera, para estar al lado de quien lo necesitaba, como médico y como hijo. Tan cariñoso y ejemplar comportamiento tuvo como premio el haber conocido al amor de su vida (Emma) y como cuando la suerte llega no lo hace sola, aquí aparece también su hija Emma, guapa e inteligentísima, en cuyo genoma algo habrá aportado su madre. .
En lo profesional, tengo que hacer justicia y relatar dos experiencias vividas en mi propia familia, que pueden ser significativas de su acendrada vocación médica: cuando mi padre empieza a notar ciertos síntomas de demencia senil (allá por el año de 1985 ), se le presenta una situación de dificultad respiratoria.. Llamado el médico de cabecera, le diagnostica que el ahogo que nota al respirar es consecuencia de una hernia. Como no quedamos satisfechos con esta opinión, llamamos a nuestro medico amigo Jorge, que con una simple ojeada, diagnostica que se trata de un edema pulmonar, confirmado días después con pelos y señales, por un especialista de Oviedo. A partir de esta primera visita, no hubo manera de que lo atendiera otro médico que no fuerza Jorge. Quiero decir alto y claro que no solamente tiene ojo clínico, sino también oído paciente, por la humanidad y cariño que ponía para escuchar al enfermo, sobre todo si era una persona mayor. ¡ Es todo un especialista en geriatría ¡. En el caso concreto de mi padre que en los momentos de inicio de la demencia senil, decía cosas sin mucho sentido hasta el punto de negarse a tomar los medicamentos, Jorge recordando sus años de fino interior derecho con el Juvenil y la Piloñesa, driblaba con verdadera maestría, y conseguía meterle el gol de sus buenos consejos. Con Mary Carmen mi mujer, más de lo mismo, habida cuenta de que la atendió con todo el cariño del mundo y que gracias a sus acertados diagnósticos, está hoy viva. Pero hemos de añadir una virtud más a las ya citadas. Es la clase de medico que no se limita a diagnosticar y recetar, sino que hace un seguimiento del paciente, interesándose por su salud cada vez que tiene ocasión. En nuestro caso concreto, en cada encuentro por la calle o en cualquier lugar de Infiesto, su tema fundamental de conversación era interesarse por la salud de mi mujer. Es posible que en su día, la investigación médica haya perdido un gran científico, pero la humanidad ha ganado un gran médico.
Jorge, tu que hiciste de cada paciente un amigo, has recogido mucho de lo que sembraste, al comprobar que tienes muchísimos amigos en tu Piloña natal, en tu Asturias del alma y en cuantos lugares dejaste tu personal huella de profesionalidad, modestia y bonhomía. Los cientos de personas que testimoniaron su pésame en el tanatorio y en el funeral de cuerpo presente en la Iglesia Parroquial de Infiesto, avalan lo dicho y estoy seguro que Dios te habrá pagado con creces, todo el bien que hiciste a tus semejantes.
¡Jorge, personas como tú no deberían de morir nunca, pero como no se muere mientras se es recordado, permanecerás siempre vivo en nuestros corazones!

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